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A la Izquieda del Roble, la obra de Pacho O´Donnell, va en el CCC

O´Donnell creó la puesta en homenaje a Mario Benedetti.

Conectarse con el propio deseo. Así califica Pacho O´Donnell su regreso al teatro de la mano de A la izquierda del roble (Recordando a Mario Benedetti), un emotivo homenaje de su autoría dirigido al reconocido escritor y poeta, y que estrena su cuarta temporada en el Centro Cultural de la Cooperación (Avenida Corrientes 1543), desde esta semana, todos los viernes a las 19, y sólo por ocho funciones.

Con la dirección de Daniel Marcove, la pieza cuenta con la actuación de Alejandra Darín y del mismo Pacho O´Donnell, quien oficia de anfitrión del convite, y a ellos se suman el cantante Marcelo Balsells y el músico Sergio Vainikoff. En escena, el historiador, escritor, psicoanalista, psiquiatra y también dramaturgo, combina recuerdos personales con la poética del autor uruguayo en una puesta que reivindica el carácter universal e imprescindible de su pluma.

“Esta obra empezó como una idea muy simple que fue enriqueciéndose en el contacto con el público. Con Mario fuimos amigos. Tengo un gran recuerdo de él. Fue un hombre bueno y conmigo fue muy generoso. Era tímido y vivía con mucho pudor su inteligencia. Se cuidaba de no hacer alardes de su cultura. Fue alguien de izquierda, y uno de los fundadores del Frente Amplio de Uruguay, y eso se nota en lo que escribió, porque su obra tiene un contenido político importante y eso lo llevó a sufrir persecuciones y amenazas”, cuenta O´Donnell en diálogo con Página/12.

Junto con los poemas de Benedetti, y las menciones a su novela La Tregua, clásico de la literatura que tuvo su adaptación en cine, el dramaturgo también rescata algunos temas del cancionero popular inspirados en aquellos textos e interpretados por múltiples artistas como Joan Manuel Serrat, Alberto Favero, Pablo Milanés, Daniel Viglietti y Numa Moraes. “Mario es una persona muy adecuada para llevar al escenario porque su poesía es muy musical”, apunta al respecto el escritor, quien subraya la necesidad de reestrenar este proyecto en este contexto.

“Yo he vivido la pandemia como si fuera un combate, y casi como si fuera un exilio, en el sentido de que había algo que me quería impedir vivir la vida que siento que tengo que vivir. Y me parecía interesante volver a hacer esta obra porque justamente tiene que ver con lo que nos pasa, y porque es ideal para enfrentar las situaciones de infortunio y de tragedia como la que estamos viviendo”.

Precisamente, la puesta comienza con una lectura del poema Defensa de la alegría, y esos versos en este contexto de tragedia humanitaria se resignifican con mucha potencia. Hay ahí algo esperanzador.

-Absolutamente. Una de las cosas que valorizo de Mario es que él habló del amor como muy pocos. Y este es un tiempo para recuperar las cosas positivas de la vida, porque estamos inundados de muerte, depresión, de incertidumbre y angustia. Yo mismo he tenido etapas de insomnio, y he pasado por momentos depresivos. Y creo que no va a haber post pandemia, sino que nos vamos a tener que habituar a vivir en un mundo pandémico. De hecho, nosotros estamos estrenando y los contagios no se terminaron. Y en este marco me parece importante defender la alegría.

¿Cómo fue el trabajo de selección de la obra de Benedetti?

-Fue muy difícil, porque cuando uno elige hay algo que se pierde. Y no estoy seguro de haber elegido lo mejor, sino lo que a mí más me resuena. Siento que más que un homenaje, este es un encuentro con Benedetti y con la poesía. Yo tengo tanto respeto por ese género, que nunca me animé a abordarlo porque sé que no tengo talento para eso. Y por eso admiro tanto a los poetas. En estos momentos en los que las sensaciones son tan intensas, la poesía es la que mejor expresa lo que nos pasa.

– En la obra menciona que se conocieron trabajando en la revista Crisis. ¿Qué recuerdos tiene de esos momentos compartidos en una redacción?

– Eran tiempos muy duros. Era 1975. Estábamos todos muy asustados, y la prueba es que Benedetti, Eduardo Galeano, que dirigía la revista, y yo nos exiliamos y nos salvamos. En ese contexto, juntarnos era una forma de sobrellevar lo que vivíamos. Y recuerdo una pequeña anécdota que es muy descriptiva de ese momento. Estábamos los tres conversando en un despacho, y suena el teléfono. Eduardo atiende, escucha lo que le dicen del otro lado, y después, con mucho humor, responde: “Amenazas de 19 a 21”. En esos años, he vivido el terror, y podría decir que desde ahí no he vuelto a sentir miedo.

– En 2020, poco antes de que se decretara la pandemia, estaba muy abocado a la actividad teatral, y tenía varios estrenos en carpeta…

– Sí. La mayoría de esos proyectos se cayeron, pero surgieron otros. Ahora se está ensayando mi obra Un papel en el viento, que también dirige Marcove, y que se va a estrenar la primera semana de septiembre en El Tinglado. A su vez, Ricky Pashkus está haciendo la adaptación musical de mi libro Juana Azurduy, para 2022. Y estamos esperando la rehabilitación de Raúl Rizzo, que está recuperándose de un contagio muy grave de Covid, para reponer La tentación, otra de mis obras que dirigió Santiago Doria. Todo eso es algo que me alegra, porque siento que a mis ochenta años ni la edad ni el Covid me han paralizado. Ahora vamos a estrenar con un treinta por ciento de aforo, y por eso ahí no hay un proyecto económico, sino que hay un proyecto con el cual uno siente que está conectado con el propio deseo y que no se deja avasallar por la dificultad.

– ¿Cómo atravesó este tiempo de pandemia?

– A mí me afectó en la creatividad. Lo consulté con colegas y a muchos les pasó lo mismo. Ha sido tan imponente lo real que ha sido muy difícil rescatar el imaginario que es necesario para poder crear. Esta es una situación traumática, y el esfuerzo de todos estuvo puesto en sobrevivir a eso. Creo que no se ha tenido mucho en cuenta el aspecto psicológico. Lo que estamos viviendo genera traumas psicológicos bastante importantes que se van a sentir durante mucho tiempo y se van a necesitar políticas de Estado para resolver esa cuestión.

– ¿De qué manera advierte que va a modificarnos como sociedad todo lo vivido?

– Las huellas del daño psicológico son muy grandes. Ha aumentado mucho el consumo de alcohol y de automedicaciones. Ha habido aumentos de peso y casos depresivos. Ha sido muy difícil elaborar la incertidumbre que implicó esta pandemia. No vamos a salir indemnes. Pero hay algo positivo, y es que la pandemia nos ha confrontado con el tiempo y con la muerte. Y eso nos tiene que haber ayudado a pensar cómo tiene que ser nuestra vida futura. La cotidianidad nos impide pensar, y acá tuvimos que detenernos y creo que eso nos tuvo que poner a reflexionar sobre lo que deberíamos hacer y no hacemos, y sobre cuál es la vida que realmente tenemos que vivir. ¿Estamos en contacto con nuestro propio deseo o estamos lejos?

– Usted ha calificado al teatro como un refugio en tiempos difíciles. ¿Confirma hoy esa sensación?

– Sí. Yo encuentro en el teatro gente maravillosa, y en un mundo que está corrompido eso hace bien. Nosotros vamos a hacer esta obra sin ninguna expectativa económica, poniendo de nuestro bolsillo. El teatro es un lugar donde no hay especulación y donde la gente está en contacto con su deseo y con lo que siente que tiene que hacer. Efectivamente, el teatro es un refugio y un espacio de amistad, amor y solidaridad. En una sociedad que fomenta el individualismo, el “sálvese quien pueda” y las relaciones sin densidad, el trabajo colectivo del teatro es muy lindo. Y si a eso le sumamos a Benedetti, su poesía, su compromiso ideológico y sus odas al amor, todo eso es un buen combo para este momento.

Candela Gomes Diez/Página 12

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