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Vélez, algo más que Boca, terminó 0-0 con el Xeneize. Bicho-Lobo, igual

Ábila, muy solo en la ofensiva boquense, salió lesionado y encendió alarmas.

La última jugada resumió el partido. Esa que tuvo a Vélez tocando a un ritmo de domingo por la noche, cansino, con una cadencia que ni siquiera alcanzó para meter la última pelota en el área, pese a que Heinze ya había metido al grandote Salinas para acompañar a Leandro Fernández en la búsqueda aérea. Demasiado respeto por el rival del local. Todo se explicó en esa escena del otro lado también. De ese Boca que llegó agotado después de jugarse la clasificación el jueves por la noche en un campo de juego pesado. Por eso terminó con Tevez de doble cinco, con Marcone en una pierna y dos líneas de cuatro defensivas bien agrupadas cerca de su figura, Esteban Andrada, capaz de transformar dos buenas atajadas en la explicación concreta sobre la ausencia de goles en la noche de Liniers.

Al cabo, la gran expectativa que hubo en la previa al juego por la propuesta entre dos buenos equipos quedó atrapada por el morbo con el ZárateGate y, lejos de potenciarse, todo se esfumó. Esa tensión desde afuera (con la enorme falta de respeto al Himno de parte de los hinchas locales incluida) se peleó, se cortó el juego, se luchó, se protestó. Todos se quejaron, simularon, gritaron y se rasparon. Nadie jugó. Hubo más amonestados (6) que remates al arco. La imagen de Zárate se consumió el espectáculo. Entonces hubo de todo menos fútbol en el Amalfitani. El 0 a 0 dejó conforme a ambos y a ninguno a la vez, pese a que el local pudo merecer algo más a pesar de que se acordó demasiado tarde de faltarle algo el respeto a un Boca que jugó con el freno de mano puesto y que (por indicación de su DT) se limitó a buscar esos pelotazos lejanos para Ramón Ábila.

¿Qué hizo Mauro Zárate además de recibir insultos de las 25 mil personas que solo se divirtieron en Liniers con él como foco? Poco y nada. Como el resto del equipo, el delantero quedó disminuido entre la poca participación en la zona de riesgo y la decisión de Boca de no proponer de más. Es cierto: de su pie derecho llegó la única chance de peligro para la visita, con un gran centro que cabeceó desviado Izquierdoz. Muy poco para un jugador de su jerarquía. Si hasta pareció evitar hacerse cargo de los tiros de esquina (es el dueño de la pelota detenida) para no agitar el clima en las tribunas. No hizo gestos, no se peleó con nadie y la amarilla que se llevó fue por una acumulación de infracciones pequeñas. Tampoco lo buscaron: los de Boca jamás lo encontraron para elaborar y para los hombres de Heinze pasó desapercibido.

Todo lo que pasó en la previa al partido lo contó Gustavo Alfaro tras el 0 a 0. “Hablé muchas cosas con Mauro. Yo le dije que no iba a hacer nada que perjudicara a Boca ni a él. Cualquier decisión era controvertida. Si lo ponía, porque lo ponía y no lo cuidaba; si no lo hacía , ¿cómo no voy a poner a una de las figuras de Boca para intentar ganar el partido? ¿Qué les decía a los hinchas de Boca? Le dije que se enfocara en el partido. Es muy fácil decirlo y había que estar en la piel de él. Zárate me dijo que quiere jugar todos los partidos de Boca. Él quiere triunfar acá y para hacerlo, tiene que jugar todos los partidos. Intentó aislarse. Él quiere a la gente de Vélez, pero hoy se debe a Boca”. Si esa acumulación de factores le pesó o no al futbolista quedará para otro momento. Lo concreto es que Boca hizo poco para ayudarlo en la búsqueda del triunfo. Y si no lo perdió, pese a que Vélez no se animó todo lo que otras veces demostró que puede hacerlo, fue porque Andrada puso sus manos a disposición.

Que Boca no pateó al arco en la segunda etapa es una realidad. Que Vélez lo pudo ganar con un cabezazo de Galdames y un remate de Domínguez que devolvió el travesaño, también. Que ambos ofrecieron demasiado poco fue una certeza.

Los bostezos de Chilavert en la platea fueron las de un contagio general. Porque eso pasó en Liniers. Se pasó de una euforia desmedida a un letargo interminable. Esa última jugada que el local ni siquiera tiró al área lo ilustró.

                     Matías Bustos Milla/Clarín

Miguel Torrén y Jan Hurtado pelean por el balón, en el amargo empate en La Paternal.

Ante una apreciable concurrencia presente en el estadio Diego Armando Maradona, Argentinos igualó sin tantos ante Gimnasia, en el primer chico entre ambos por los cuartos de final de la Copa de la Superliga. Tanto Carlos Quintana, al final de la primera etapa, como Facundo Oreja, ya en el complemento, vieron la tarjeta roja por doble amarilla y dejaron a sus respectivos equipos con diez. La revancha será el próximo jueves en La Plata, y el ganador jugará las semifinales con el vencedor de la serie que disputan Boca y Vélez.

De entrada, el local salió mejor parado en la cancha y en menos de diez minutos provocó el primer revolcón del arquero Arias, luego de que Matías Romero enganchara hacia adentro para desorientar a toda la defensa tripera y sacar un derechazo que tenía destino de gol. Respondió Silva, quien hizo una pared con Hurtado y el uruguayo lanzó un formidable pase en cortada para la entrada de Tijanovich, cuyo remate pegó en un poste, cruzó toda la línea de gol y salió al lateral. Enseguida, el mismo Tanque Silva probó desde afuera del área con un bombazo que salió cerca del ángulo. A esta altura, el protagonismo había cambiado de manos y encima Quintana se fue expulsado por una mano cuando ya cargaba con una amonestación.

Pero salir a jugar los segundos 45 minutos con uno menos no echó atrás al cuadro de Dabove. Tal es así que Hauche entró como una tromba al área tras ser asistido por Mac Allister y Coronel debió esforzarse para sacar la pelota casi en la línea, con Arias ya vencido. En la jugada siguiente, el mismo Alexis envió un centro que Spinelli no pudo capitalizar de cabeza. El Lobo no podía hacer valer su hombre de más, y su rival proponía mejor en ataque. Hasta que los dos quedaron con diez por expulsión de Oreja, también por doble amarilla. El Bicho, decididamente más punzante, quería quedarse con la victoria en casa y buscó más. Pero el Lobo se abrazó al punto y no lo soltó. En cuatro días volverán a verse las caras en el Bosque.

Página 12/Deportes

 

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