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Sabrina Ameghino te muestra cómo ser atleta de elite, profesora y buena madre

Da clases, prepara el 15 de su hija y quiere ser oro en Lima.

Son las 8.30 y un grupo de chicos se prepara para el primer entrenamiento del día en el Club Náutico Ensenada. En el arroyo Doña Flora perfeccionarán la técnica con una guía de lujo: Sabrina Ameghino. La platense arranca el día en el agua con sus alumnos y coordina sus entrenamientos con sus clases de la Escuelita Municipal de Canotaje y con su vida al lado de su hija Vera. Todo mientras a los 38 años se prepara para disputar sus quintos Juegos Panamericanos en Lima 2019.

“Es bastante difícil acomodar todo, pero una vez que estás en ritmo, sale. Lo bueno es que mi laburo me permite mezclar mi entrenamiento con el trabajo con los chicos. Vera es una gran compañera: ya rema conmigo y está entusiasmada”, le cuenta Ameghino a Clarín.

Y, entre risas, da un ejemplo de lo que significa ser mamá y atleta de alto rendimiento: “Este año Vera cumple 15 años. ¿Sabés lo que es estar organizando la fiesta y saber que dos meses antes voy a estar en Lima? ¡Es desesperante!”.

Para Sabrina, la posibilidad de contagiarle a los chicos su pasión por el canotaje es una gran motivación. Aunque la más importante es su hija, que marcó un quiebre en su carrera.

“En 2003, cuando volví de los Panamericanos de Santo Domingo, me enteré que estaba embarazada. Fue un cambio absoluto. Hasta que nació la nena, nunca había entrenado con la disciplina, la seguridad, la fuerza ni los objetivos con los que lo sigo haciendo hoy. Vera me cambió la cabeza. Porque si tengo que dejarla en casa para irme a entrenar, entonces la idea es cumplir el 100 por ciento. Es la responsable de mis máximos logros deportivos”, reflexiona.

Claro que tiene otra razón que la alienta a no bajar los brazos. “Quiero demostrar que más allá de que tenemos miles de palos en la rueda, se puede ser mamá, laburar, estudiar y ser una atleta de alto rendimiento. Siempre que te organices y acomodes las cosas, se puede llegar”.

Veinte años pasaron desde que Ameghino disputó sus primeros Juegos Panamericanos en Winnipeg 1999. “¡Qué vieja estoy! ¿Qué hago que todavía no me retiré?”, recuerda entre carcajadas. Cuatro años después ganó sus primeras medallas: los bronces en K2-500 y K4-500 en Santo Domingo 2003. Y amplió su cosecha personal en Guadalajara 2011 (plata en K2-500 y bronce en K1-200) y Toronto 2015 (plata en K2-500 y bronces en K1-200 y K4-500). A Lima irá a buscar el oro que le falta.

“Lo que me encanta de esas experiencias es lo alucinante de entrar al estadio en la ceremonia de inauguración y subir al podio. Pero en unos Panamericanos nunca me tocó escuchar el Himno argentino arriba del podio y a eso apunto para Lima. Cuando los chicos del K2-200 ganaron en Toronto 2015, lloramos todos. Ojalá me toque a mí ponerles la piel de gallina. Tengo siete medallas, pero ninguna dorada. Y si bien cada una tiene valor, no deja de añorarse el oro. Sería súper lindo poder conseguirlo”, afirma con contundencia.

La cita de la capital peruana será especial por varias razones. En primer lugar, porque por primera vez competirá solamente en un bote individual. “En los Juegos anteriores siempre priorizamos el K2 y el K4. En éste voy a correr sólo en el K1, así que es medio raro. Estoy con una preparación concentrada específicamente en velocidad. Vengo de una lesión y estuve parada bastante tiempo. Tengo muy sensible el nervio ciático y me quedé dura otra vez. Pero me encanta competir”, cuenta la platense.

¿Por qué decidió dedicarse exclusivamente al K1 esta temporada? Porque le exige menos en lo físico -”A los 38 años soy más propensa a las lesiones y los botes de equipo requieren otra intensidad y la cintura está muy involucrada”, afirma- y porque le daba más chances de subirse a lo más alto del podio, algo importante no sólo en lo personal.

“En los botes de equipo estamos muy complicadas. Siempre nos ganaron Canadá y Cuba y a fines del año pasado nos ganó México. Viendo el panorama y las rivales, es más viable pelear por el oro en el K1. Este año existe realmente la posibilidad de lograrlo. Además, la continuidad del ENARD, que para nosotros es importantísimo, depende un poco de que haya una lluvia dorada en Lima. Y a nuestro deporte le va a costar mucho cumplir con esa expectativa”, explica Ameghino.

La otra razón por la que Lima 2019 tendrá un gustito único para ella es porque podrían ser sus últimos Juegos Panamericanos. Al menos esa es la idea. Aunque Sabrina avisa: “Ya no quiero decir que son los últimos. Porque cada vez que digo eso, hago otro más. Pero sí, la idea es ver si después de estos me dejo de hinchar y me quedo en casa”.

Aunque, claro, antes de colgar definitivamente la pala, le gustaría darse el gusto de ser olímpica por segunda vez, luego de ser 13ª con el K4 en Río 2016. “Mi sueño es ir a Tokio. Sería la forma ideal de ponerle un broche de oro a mi carrera”, se ilusiona Sabrina Ameghino, palista, mamá, entrenadora y una de las grandes referentes del canotaje argentino.

                           Luciana Aranguiz/Clarín

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