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Nora Sarmoria presenta su Thelonius & Cuchi en el Bebop Club

Monk y Leguizamón se fusionan en el disco y espectáculo de Sarmoria.

Pianista, acordeonista, compositora, arregladora y directora, Nora Sarmoria es una de las figuras más destacadas de la escena musical local; o, más ampliamente, de la escena rioplatense, ya que la mitad de su familia es uruguaya y, como ella dice, nació oyendo candombe y música brasileña. Su campo de acción es el folclore, en el que se educó de manera autodidacta. “Cuando yo me formé no había escuelas de música popular. Empecé a escuchar al Cuchi Leguizamón, al Dúo Salteño, al Chango Farías Gómez, gente que me nutrió mucho además de toda una serie de influencias. Tuve también algunos profesores importantes, antes que nada una maestra de piano que venía a casa desde que yo era muy chiquita, y además un gran profesor de composición y armonía, que hoy vive en Canadá y ya no se dedica a la música: Edgardo Beilin, tan perfeccionista que como consideró que no era lo suficientemente perfecto se retiró. Un cerebro increíble, maestro de músicos como Ernesto Jodos, Adrián Iaies, Guillermo Romero”.

El jazz es sin dudas otra de las principales influencias de Sarmoria, aunque lo que ella busca con el jazz en cierta forma es “colonizarlo”, traerlo a su propio campo de acción. Así ocurre en su último disco, Thelonious & Cuchi, que reúne composiciones de Thelonious Monk y Cuchi Leguizamón, un álbum solo editado en formato digital (puede oírse por Spotify) y que hoy a las 21 presentará en vivo en Bebop Club (Moreno 364), junto a Patricio Bottcher en vientos, Vanesa García en percusión y Victoria Zotalis en voz.

-¿Cómo surgió este proyecto?

-Empezó hace varios años, a partir de la convocatoria de Adrián Iaies para homenajear o versionar un compositor de jazz en el Festival. Iaies me situó en un lugar especial. Me pidió una hora y media de música, sin mi Orquesta Sudamericana ni mi trío, que son mis formaciones más familiares. Quería que me saliera de mi “zona de confort”, según él, como si versionar a Monk fuera estar en una zona de confort… Si bien Monk no es un músico que yo había tocado, Iaies percibió alguna conexión, y yo dije: vamos para adelante, voy a hacer versiones sudamericanas de Monk. Elegí un quinteto, con Martin Pantyrer en vientos, Marcos Cabezas en placas, Facundo Ferreira en percusión, Ariel Naón en contrabajo y yo en piano y voz. Ahí hicimos una hora y media de música de Monk en el Festival de 2014, y lo repetimos en 2015. Eso se grabó. Invité a una música japonesa, Asaka Igarashi, para que tocara en Japanese Song, que en teoría no es de Monk, y ella hizo una gran introducción en violonchelo y entrelazó comentarios a la melodía principal. En ese mismo tema cantó Victoria Zotalis, como también en Pannonica. Y en el 2018 hicimos, también para el Festival, Avenida Leguizamonk, con Patrico Bottcher en vientos y Vanesa garcía en percusión. Eso forma parte de este disco. Son ocho piezas de Monk y cuatro de Leguizamón, entre estas Amores de la vendimia, que nunca se interpretó ni se grabó.

-¿Qué nexo se puede establecer entre ambos músicos?

-Muchos. Hay un despojo de ambos en el momento de componer y de tocar el piano. En Monk, un poco más. En Monk la improvisación era como leitmotiv. En cambio en Leguizamón se trataba de la exposición de una melodía, o de una letra. La música tenía otro objetivo. Monk era armónicamente más contemporáneo, pero ojo que en la Chacarera del holgado, que está en este álbum, la armonía de Leguizamón no es menos audaz. Hay un tema de Monk en el que yo mecho un fragmento de La Oncena, la chacarera de Eduardo Lagos, otro loco de avanzada. El tema de Monk es Skippy. Esos temas de Lagos y de Monk son de la misma época. Había una corriente en el aire, aun entre gente que no se conocía y vivía muy lejos uno del otro. Hace más o menos un mes hicimos un show muy casero al que vino Delfín Leguizamón, el hijo del Cuchi, y me dijo que su padre recién escuchó a Monk a los 70 años. Antes de eso no estaba enterado de su existencia.

-Recién hablabas de hacer “versiones sudamericanas” de Monk. ¿Qué significa eso exactamente?

-Significa buscar estilos sudamericanos. Well You Needn’t, por ejemplo, lo hice como una cumbia, pero una cumbia en tres por cuatro. Y Victoria le puso una letra que tenía que ver con eso. Otro lo hice más en el estilo del landó peruano, otro más joropo, otro más chacarera. Evidence lo hice tipo candombe, y además lo mezclo con un tema propio. Bluemonk lo hice más tanguero. Como que fui buscando cuestiones rítmicas y viendo cómo esa forma en tresillos (subdividir una nota de modo que entren tres de igual valor en lugar de dos) puede ser llevada a nuestros ritmos de una manera fluida. Bajo ningún punto de vista yo podía hacer versiones jazzeras de eso. Para mí no tendría ningún sentido, sobre todo habiendo tantos jazzeros tocando eso en todo el mundo. Es lo que yo tengo para dar. Yo empecé tocando jazz en la adolescencia, pero mi música ya apunta para otro lado. Soy rioplatense a full. Pero esto no significa tanto una región geográfica. Yo nací lejos de Santiago del Estero y de Río de Janeiro, pero lo chacarera y la bossa nova están en mi ADN. Es lo que mamé desde que nací.

Federico Monjeau/Clarín

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