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Mitridate, re di Ponto, la ópera de Mozart tendrá cuatro funciones en el 25 de Mayo

La ópera inicial de Wolfgang Amadeus Mozart se verá por primera vez en América Latina.

Con el estreno latinoamericano de Mitridate, re di Ponto, de Wolfgang Amadeus Mozart, termina la temporada 2019 de la Ópera de Cámara. A partir de hoy miércoles a las 20, en el Teatro 25 de Mayo (Triunvirato 4444), la primera ópera seria de Mozart tendrá cuatro funciones, con reposición el viernes, sábado y martes 10 de diciembre, siempre a las 20. La dirección de escena está a cargo de Julián Garcés, con escenografía de Diego Cirulli, vestuario de Mariana Seropian e iluminación de Verónica Alcoba. La dirección musical es de Ulises Maino.

Estrenada en Milán en 1770, Mitridate, re di Ponto es la historia del tirano en su otoño, siempre en guerra con Roma. Por razones políticas, Mitridate combina el matrimonio entre su hijo Farnace y la hija del rey de Partia, Ismene. Pero Farnace es ambicioso y trata de competir con su padre, incluso en el amor de Aspasia, prometida de Mitridate. La bella Aspasia, sin embargo, le tira onda al hijo menor del Mitridate, Xifare. Un triángulo complicado, que las ausencias de la guerra, los sacrificios y la magia de la ópera hacen desembocar en el clásico final satisfactorio, con la conciliación de los hermanos y sacrificio del viejo tirano, que perdona a todos. Como Mitridate actuará el tenor Santiago Martínez; Aspacia, la prometida del rey, será la soprano Constanza Díaz Falú; Xifare y Farnace, hijos del rey Mitridate pero enamorados de la reina electa Aspacia, actuarán la soprano Florencia Burgardt y el contratenor Martín Oro; Arbate, gobernador de Ninfea, donde transcurre la acción, será la soprano María Virginia Savastano.

Mitridate, re di Ponto será el último título del año para la Ópera de Cámara, que tuvo una temporada escueta en términos de producción. Y también el último título de su director, Marcelo Lombardero. “En julio anuncié mi intención de dejar la dirección de la Ópera de Cámara. Siento que mi aporte para el Colón no es importante, o por lo menos no es valorado por la dirección artística”, dice Lombardero a Página/12. La reposición de la estupenda Powder Her Face, de Thomas Adés; una coproducción con el ciclo “Colon para niños” de El principito, de Rachel Portman, y este estreno mozartiano, fueron las únicas actividades de la Ópera de cámara en el año en que debía celebrar su cincuentenario. Demasiado poco para una institución histórica, que cumple además una función específica en torno a un repertorio inconmensurable en términos artísticos. “Habíamos pensado varias cosas para celebrar este año, entre las la reedición del histórico disco con La finta giardiniera de Mozart, dirigida por Juan Emilio Martini, que fue la obra con la que a principios de los ‘70 se hizo una gira para actuar en la Ópera de Viena y en el Festival de Salzburgo. Pero no interesó”, agrega el director de escena.

“Este estreno de Mitridate, re di Ponto, por ejemplo, tiene que ver con la idea de proponer las óperas serias tempranas de Mozart, que no se hicieron en nuestro país. Habíamos empezado con Apollo et Hyacinthus, en 2017, pensábamos seguir el año que viene con Il sogno di Scipione, pero no encontramos interés en las autoridades del Colón”, continua Lombardero. “A mediados de año presenté ideas para la temporada próxima y la carpeta durmió el sueño de los justos durante meses en algún cajón de la Dirección Artística. Sabemos que contamos con poco presupuesto, por lo que trabajar con anticipación es muy valioso en términos de producción. Habíamos propuesto El rapto de Lucrecia, de Benjamin Britten, dándole una perspectiva de género. También conjugar ¡Oh Eternidad!, de Marta Lambertini, con la Cantata del Café de Johann Sebastian Bach, además de proponer una versión escénica del oratorio Il trionfo del tempo e del disinganno, de Haendel”, agrega.

Lombardero insiste en las funciones específicas de la Ópera de Cámara, que comienzan a proponer un repertorio que no se hace en la sala grande del Colón, pensada y concebida para la ópera del siglo XIX. “La función de un programador va más allá de juntar varios títulos de manera más o menos coherente. Tiene que haber variedad, claro. Distintas estéticas, épocas, gustos. Pero también hay que estar atento a lo que pasa alrededor nuestro, pensar en el impacto que podría tener una programación en el público de este tiempo. Y sobre todo saber elegir los intérpretes ideales”, observa. “Hay otra cuestión que tiene que ver con la formación de profesionales. La Ópera de Cámara es un espacio intermedio entre la academia y la gran sala. Un lugar en el que directores de orquesta, directores de escena, cantantes escenógrafos, vestuaristas e iluminadores ya formados se encuentran para afinar su sensibilidad profesional”, define.

Recientemente reconocido con el Premio Konex de Platino como el mejor regisseur de la última década, Lombardero recibió además este año el Premio Ace como mejor director teatral de la temporada por Colaboración/Tomar partido, su primer trabajo en el teatro de prosa. El director de escena es sin dudas una figura importante de la ópera de estos años. Su puesta de Ariadna en Naxos de Richard Strauss quedará entre lo mejor de esta temporada lírica en el Colón, como lo fue el año pasado su puesta de Powder Her Face en la Ópera de Cámara. Su alejamiento deja la Ópera de Cámara acéfala y para la próxima temporada las perspectivas no son alentadoras, ya que su programación virtualmente se fusionó con la del Centro de Experimentación. Otro achique anunciado.

Samtiago Giordano/Página 12

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