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Mara Avila habla sobre su documental Femicidio, que se estrena este jueves

Un grave hecho ocurrido a nivel personal disparó el argumento del film.

El 19 de julio de 2005, Mara Avila, una estudiante de 25 años de Ciencias de la Comunicación de la UBA, recibió la peor noticia de su vida: su madre, María Elena Gómez, una profesora de inglés de 53 años, había sido apuñalada por su pareja, Ernesto Jorge Narcisi, de 63 años, en el barrio porteño de Puerto Madero. Desde entonces, Avila tuvo que transformar el dolor en lucha y buscó justicia. La causa fue catalogada como un homicidio simple. Avila intervino como testigo y como querellante. El 23 de mayo de 2007 se llevó a cabo el juicio penal, en el que Narcisi fue condenado a nueve años de prisión, pena luego reducida a ocho años. En 2014, Avila sintió la necesidad de contar lo sucedido y comenzó a realizar el documental Femicidio. Un caso, múltiples luchas. Cuatro años más tarde, en 2018, lo entregó en la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA como tesina de grado para la Carrera de Ciencias de la Comunicación. Después de veinte años como alumna regular, el 18 de diciembre pasado se recibió de licenciada. Pero además, concretará el estreno del documental: será el jueves 7 de marzo en el cine Gaumont.

El audiovisual es un recorrido por el caso, pero es mucho más que eso: también es una exploración por las sensaciones que atravesó Avila en todo este tiempo en el que la sociedad argentina cambió sustancialmente; una especie de diario íntimo introspectivo. El grito Ni Una Menos, cada vez más fuerte en la Argentina actual, no tenía por aquel entonces la misma intensidad. Cuando fue asesinada la madre de Avila ni siquiera existía la figura penal de femicidio. A lo largo de la película, la cineasta va relatando en primera persona su vida desde que le coartaron la posibilidad de tener a su ser más querido. Y se ve a la directora y protagonista sola en muchas ocasiones. El documental exuda, de por sí, la soledad de esta joven, pero luego esa soledad se complementa con las charlas de Avila con sus familiares y amigos que le brindan acompañamiento. Incluso, se puede observar su participación en varias marchas. Es una película movilizadora, nacida del momento más doloroso de la joven, pero que también funciona como una manera de hacer memoria y dar un grito de alerta frente a otros posibles casos.

“En marzo del 2014 decidí que iba a hacer el documental y la primera vez que pude salir a la calle a hacer un presente por mi mamá fue justamente en el primer Ni Una Menos, de 2015, así que el crecimiento del movimiento de mujeres y del colectivo LGBT fueron contemporáneos con mi proceso de encontrarle un sentido social a lo que había pasado con mi mamá”, señala Avila en diálogo con PáginaI12. “El movimiento feminista me acompañó y tal vez eso hizo que no me sintiera tan sola y que esto cobrara el alcance que cobró”, agrega la directora del documental.

–¿Te cruzaste en algún momento con el homicida?

–No, no me lo encontré. En su momento, él tenía 63 años, y pasaron otros trece. No lo he visto. Otra cosa que aparece en el documental tiene que ver con el estrés postraumático. Ahora estoy bien, pero aun así me puede llegar a pasar que estoy en el colectivo y veo a alguien que me hace acordar a él.

–¿Tenés miedo?

–Ahora estoy mejor, pero he llegado en su momento a irme de un bar porque pensaba que el tipo estaba ahí. Tomaba un taxi y me iba. La primera vez que hice una ponencia donde presenté el análisis de la cobertura que tuvo el caso de mi mamá por los diarios argentinos, en septiembre de 2014, en el Centro Cultural de la Cooperación, vi entrar a un tipo que me hizo acordar a él. Eramos todas mujeres, salvo el primo de mi papá. Ese día pensé que era él. Le dije a la chica que organizaba que le preguntara el nombre. El tipo dijo algo así como José Rodríguez. Dije: “Me voy”. Y me fui. Crucé la avenida Corrientes, me tomé un taxi. Mi psicóloga de entonces me dijo que eso era el estrés postraumático. Entonces, la película también me ayudó a resolver un montón de cosas que me estaban pasando.

–A la vez, ¿hacer el documental no es una manera de exponerte masivamente? ¿O tiene que ver con la necesidad de dejar testimonio y honrar la memoria de tu mamá?

–Cuando empecé con la idea de hacerlo, varias personas me dijeron que no lo hiciera, que me iba a hacer mal. Creo que después mi papá me entendió y ahora están todos orgullosos de mí. Pero el documental tenía que ver con una necesidad que yo tenía de darle algo de sentido a todo esto que había pasado. Justamente a través de la lucha y el acompañamiento colectivos, sentí que mi vida tenía sentido. Ni más ni menos. Yo estaba deprimida. Estaba haciendo el duelo. Mi mamá era casi todo para mí: yo vivía con ella y a mis 25 años todavía era como una nena. Tuve que atravesar esto. Y es cierto que es mucha exposición pero a mí me devuelve que algo estoy haciendo bien. Me puedo ir a dormir tranquila y estoy en paz.

–La primera parte del documental es más personal, y luego se abre a algo más colectivo y político. ¿Esto muestra el cambio que fuiste teniendo en el proceso de cambio, a su vez, de la sociedad argentina?

–Sí. El otro día vi por primera vez la película en una pantalla más grande y dije: “Uy, esta primera parte está muy larga”. Después, lo comentaba con algunas personas y me decían que no, que estaba bien porque da cuenta un poco de ese camino que yo hice sola. Esa primera parte tiene que ver con mostrar mi espacio íntimo, mi casa, con todas esas pequeñas reflexiones o acciones que hago en mi casa, o que hice durante el tiempo del duelo y de realización del documental. Por ejemplo, grabé muchos audios, aunque en la película sólo hay un par que son caseros. Hacía un montón de cosas para poder procesar todo lo que me estaba pasando. Entonces, esa primera parte tiene que ver con esa introspección, ese trabajo interno que hice. Y después, es como decís: salir al mundo a hablar, ir a lo de mi tía, por ejemplo. Más allá de que está construido en el relato, fui a hablar con mi tía, también con mi papá, para decirles que necesitaba contar lo que me había pasado. Y son esos movimientos que fui dando en mi propia vida que aparecen en el relato.

–¿Crees que el movimiento Ni Una Menos puede contribuir a que se reduzca la violencia de género?

–Es una de las razones por las cuales luchamos. No sé si como consecuencia del empoderamiento de la mujer, del tener más fuerza y mayor visibilidad se está logrando que se reduzca la violencia de género. Desde que la sociedad en su conjunto, casi sin distinción de pertenencia política, salió a la calle porque estamos cansadas de que nos maten, nos violenten y demás, los casos no han bajado. Eso vuelve más imperiosa la necesidad de seguir luchando. Las que luchamos, lo hacemos porque creemos que va a cambiar la sociedad en la que vivimos.

Oscar Ranzani/Página 12

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