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La Mega-Devaluación, otro fuerte impacto para la industria editorial

Se espera una remarcación que ronde el 30 por ciento.

La mujer va a la librería a retirar el ejemplar que había encargado antes del fin de semana. Es lunes. Este lunes que pasó, el lunes que ya se sabe. El libro es importado, lo pidió a 1.400 pesos. En la librería le dicen que no, que lo sienten pero no: ya no hay precio, no saben cuánto vale, no.

Pero no son sólo los libros importados: la industria editorial argentina tiene sus costos atados a los del papel, que cotiza en dólares. Se mueve el dólar, se mueve el precio del papel, se mueve el valor de los libros. ¿Y no pasa nada? Pasa de todo: quizás uno compre leche cueste lo que cueste pero ¿novelas? Las ventas del sector ya cayeron, según la Cámara Argentina del Libro, entre el 35 y el 40 por ciento desde 2016. ¿Cuánto más bajarían si el precio sube? Algunos editores creen que la demanda no aguanta un aumento más.

“Todo tranquilo, todavía nada”, comentan desde una gran librería. Y así es: en estos días los editores de los grandes grupos se la pasaron de reunión en reunión y si se mira en los sitios web de venta de libros, los números no se han movido. “Hablemos el viernes”, piden en la industria.

“Desde el lunes no hay precio de papel, los talleres gráficos no quieren trabajar, hay un parate”, explica Martín Gremmelspacher, presidente de la Cámara del Libro. “Si sigue así la gran mayoría de los editores vamos a aumentar y obviamente esto va a producir una caída en las ventas”.

¿Cuánto costarán los libros? Gremmelspacher calcula que un 20 por ciento más que ahora, si el dólar se estabiliza. Algo parecido a lo que creen en uno de los grupos internacionales que operan en el país: un libro promedio, explican, debería costar 20 dólares. Y un best seller como la última novela de Isabel Allende, Largo pétalo de mar, hoy sale 879, es decir menos de 15 verdes. Las editoriales se sostienen porque los equipos, la forma de producción, la elección de qué publicar ya se venían “optimizando”, dicen. “Hablemos el viernes.”

En este escenario, ¿se mantendrá la cantidad de títulos publicados? En otra gran casa editorial cuentan que por ahora “todo sigue igual”. Y que es así porque “septiembre, octubre y noviembre ya están en producción” y porque a comienzos de año ya habían ajustado el plan editorial para producir menos libros. Tampoco creen que se puedan acompañar los nuevos costos: “Estamos en un tope de precios”.

Tranquilos, dicen, hay que esperar a que las cosas se estabilicen. Sin embargo, en una librería de Recoleta avisan que “las distribuidoras de importados no nos están vendiendo”. Y otra de Palermo precisa: “Los que traen libros de afuera ya avisaron que a partir del viernes cambian el precio, un 20 o 30 por ciento”.

“Otra vez”, repiten editores y libreros, “otra vez”, escriben por WhatsApp. Sí, ya han visto varios saltos parecidos. Un ejemplo: un libro de producción nacional como Las grietas de Jara, de Claudia Piñeiro, salía 49 pesos hace diez años, en agosto de 2009, y este miércoles –antes de que se efectivicen los aumentos– estaba a 669. Impresiona, pero no hace falta ir tan lejos: hace un año, el volumen que compila tres novelas de Emmanuel Carrère – El adversario, Una novela rusa y De vidas ajenas– salía 745 pesos. Ahora, 1.450. Y todavía no es viernes.

                   Patricia Kolesnikov/Clarín

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