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La feminista Siri Hustvedt fue atracción en la Feria del Libro de Guadalajara

La novelista norteamericana presentará en México su nuevo libro, Recuerdos del Futuro.

Porque nada de lo que escribe es casual, la novelista estadounidense Siri Hustvedt eligió un oxímoron – esa figura retórica que junta dos términos contradictorios- para titular su último libro: Recuerdos del futuro, que por estos días presenta en la Feria del Libro de Guadalajara. Un título que remite a Los recuerdos del porvenir, la primera novela de la mexicana Elena Garro. Ambas escritoras tienen en común maridos escritores – Octavio Paz en el caso de Garro (ambos ya fallecidos) y Paul Auster , en el de Hustvedt- que, en muchas ocasiones, opacaron, por esas cuestiones del machismo, las producciones de ellas, largamente presentadas como “la esposa de”. A Hustvedt, quien este año obtuvo el Premio Princesa de Asturias de las Letras, un periodista llegó a decirle que sus creaciones eran tan buenas que seguramente las había escrito su marido.

Pero volviendo a Recuerdos del futuro, Hustvedt aborda varias cuestiones: por un lado, la memoria y cómo se construye el pasado a partir de un relato desde el presente (hay historias adentro de historias adentro de historias); por el otro, temas como el feminismo, el thriller psicológico, la violencia del patriarcado y el abuso sexual.

Una joven estudiante llegada desde Minnesota a Nueva York -cualquier semejanza con la vida real de Hustvedt no es pura coincidencia-escribe un diario de su vida y se obsesiona con el comportamiento de Lucy, su vecina. Estos diarios son recuperados desde el presente de la narradora a los 62 años.

-El libro puede parecer autobiográfico. ¿Cuánto de la verdadera Siri hay en él?

“Juego con lo que es real y lo que no. Muchos creen que es mi vida, pero hay mucho inventado”, dice Siri Hustvedt en una conferencia de prensa un rato antes de contestar preguntas de Clarín.

“Me declaré feminista a los 14 años. En mi barrio de Minnesota, no había abogadas o médicas mujeres. Muchos hombres sienten miedo de que la igualdad entre hombres y mujeres sea rebajar la masculinidad”, sostiene Hustvedt, quien revela que forjó una “amistad literaria” con su marido Paul Auster, con quien tiene una hija, Sophie Auster. “Nos admiramos en el trabajo. Lo que mata las amistades es el aburrimiento. Eso nunca nos pasó”.

Las novelas de Hustvedt, como las de muchas otras escritoras mujeres, son más leídas por mujeres que por hombres: “Muchos hombres se me acercan y me dicen que mis libros son los preferidos de sus esposas, hermanas, madres, pero que ellos no los leyeron. Hay una construcción cultural que establece cosas ridículas como que la ensalada es comida de mujeres y el churrasco, de hombres. Pienso que los hombres no quieren leer libros escritos por mujeres porque se experimenta como una sumisión a la autoridad femenina y eso les genera incomodidad”.

-En el libro, hay una escena de abuso sexual, ¿fue difícil escribirla?

-Sí. El personaje quería recordar todo y tratar de entender qué había pasado. Recuerdo haber escrito sobre la muerte de un niño en una de mis novelas y fue horrible. Esto también fue horrible. Aunque termina de manera, digamos, graciosa. No experimenté ningún abuso en carne propia, pero sí conocí a muchos hombres acosadores cuando era más joven. Entonces quería bucear en estas emociones profundas. Sí, fue difícil.

El personaje siente vergüenza de contar el episodio. ¿Por qué las mujeres sienten vergüenza de contar que fueron abusadas? ¿Es un tabú?

-Es la naturaleza sexual del abuso lo que genera vergüenza, por ese intento de humillar y castigar el cuerpo de la otra persona mediante el abuso. Esa es la intención de la persona que está intentando violar a una mujer en esta historia. Y es en parte la historia de las mujeres abusadas en general, que creen que son culpables de algo. La protagonista está tratando de encontrar dónde ubicar esto que le sucedió, se culpa a sí misma. La gran ironía de esa escena es que ambos pensaban que iban a dormir juntos desde el principio. Él quiere castigarla y por eso la abusa. A ella le toma mucho tiempo entender eso.

-Es decir que esa vergüenza es una construcción social.

-Claro. Es el contenido sexual del abuso lo que genera vergüenza, no creo que sientas vergüenza en otros tipos de abuso. Me acuerdo de que a mi hermana menor, que paraba una vez en mi casa en Nueva York, una señora loca por la calle empezó a pegarle con el paraguas sin ninguna razón. Mi hermana no se sintió ni con miedo ni culpable, simplemente salió corriendo del ataque. En la cultura debemos analizar entonces el tema sexual, qué hay ahí. Hace un tiempo leí el trabajo de una antropóloga que se titulaba de manera genial: “Es sólo un pene”. Es verdad, es sólo un pene. Cuando lo ves a la distancia es una parte muy vulnerable de la anatomía de un hombre. Imaginate tener toda tu genitalidad hacia afuera, es extremadamente precario. Esa realidad está suprimida en los discursos sobre violaciones sexuales porque, en general, es cierto que los hombres son físicamente más fuertes que las mujeres, pero también a la inversa. Entonces el pene es una herramienta, un símbolo al servicio de la humillación y reaseguro del poder.

-Pienso en Freud, que decía que a las mujeres somos seres carentes de pene y sentimos envidia de él.

-¡Sí! A Freud lo leí mucho de joven y me parece un hombre brillante, pero en este punto está totalmente equivocado. Habla de la mujer “castrada” en comparación con el hombre, cuando en realidad la vagina es el lugar por donde sale la vida, es la anatomía más singular en la vida de una mujer. ¡La vida aparece por el canal vaginal! Freud debía estar muy ciego y asustado para no ver eso. En vez de ser el lugar por el que todos los seres humanos pasamos para nacer, él ve que “no hay pene”. La cultura occidental está construida de esa manera: que a las mujeres nos falta una parte. ¡Cómo nos puede faltar una parte! Sólo nos puede faltar una parte si la realidad universal es masculina, si el cuerpo desde el que juzgás todo es el cuerpo del hombre.

Paula Conde/Clarín

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