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King Crimson, con 50 años de trayectoria, se presenta en el Luna Park

Robert Fripp es el fundador de la banda inglesa.

Exactamente 25 años después de su primera visita a la Argentina, King Crimson volverá a presentarse en Buenos Aires, hoy y mañana en el Luna Park, en el marco de su gira de celebración de los 50 años de la banda, con una formación anunciada de ocho músicos.

Probablemente sea Crimson uno de los proyectos del vasto universo del rock por el que más músicos hayan pasado, y que más cambios de sonido haya ensayado. A tal punto la obsesión de Robert Fripp, su creador, líder y cerebro, por encontrar la sonoridad que estaba buscando condicionó la estructura del grupo desde su mismísimo comienzo, que la primera formación, integrada en diciembre de 1968 por Greg Lake, Pete Sinfield, Ian McDonald, Michael Giles y Robert Fripp, duró apenas un año.

Lo suficiente para darle forma, el 10 de octubre de 1969, al seminal In the Court of the Crimson King, álbum que marcó el comienzo de una historia que se transformó en una leyenda. Para su segundo trabajo, In the Wake of Poseidon, editado en mayo de 1970, Fripp convocó al saxofonista y flautista Mel Collins, quien junto a él conforman el dúo más legendario del combo que llegará a nuestro país.

El resto del equipo incluye a Tony Levin, parte de la formación con la que Fripp encaró los ‘80; a Pat Mastelotto, sobreviviente de la reunión de 1994; y a Gavin Harrison, Jakko Jakszyk, Jeremy Stacey y Bill Rieflin, los cuatro producto de la última convocatoria del guitarrista, que a lo largo de su trayectoria también trabajó con Peter Gabriel, David Bowie, Brian Eno y David Sylvian, entre otros.

Entre 1970 y 2019, King Crimson editó 11 discos más de estudio y una veintena de álbumes registrados en vivo, con obras que se transformaron en clásicos, como Red, Larks’ Tongues in Aspic y la trilogía Discipline, Beat y Three of a Perfect Pair, y otras que exponen la variedad de recursos de los que disponen Fripp y los suyos a la hora de crear nueva música o de encarar la escrita en el pasado.

En ese continente inscripto en el rock progresivo británico, se combinan elementos del jazz, la música clásica, el blues, la psicodelia, la música industrial y electrónica, según el momento de cada composición, en un canal expresivo unificado.

“Somos tantos en la banda, que tenemos la posibilidad de distribuir muy bien las partes. Creemos que no tiene importancia cuándo fueron escritas las canciones, todo es posible que sea reinterpretado. Por eso, podemos lograr que cada canción suene nueva cada vez que la hacemos, que suenen frescas…”, dice Mastelotto a Clarín, ante el interrogante de cómo hacer para que piezas compuestas y grabadas en tan distintos momentos y con tan distintas instrumentaciones suenen en un marco de unidad sonora.

Además, el músico cuenta que noche a noche la lista de temas “sufre” algún cambio. “Eso es bueno en varios aspectos -explica-. Te mantiene con la cabeza abierta. A veces tocamos el mismo material, pero en orden diferente, con algunos arreglos distintos en cada canción. Tenemos unos 50 temas listos para ser interpretados, de modo que si Robert decide que toquemos algo que no hicimos durante unas tres semanas, es posible que hagamos un ensayo el día anterior, en la prueba de sonido.”

En esa suerte de unificación de los distintos fragmentos de un mismo discurso tiene mucho que ver la decisión de Fripp de disponer de tres baterías para trabajar la base rítmica. “Las partes están muy bien definidas. No es que cada uno pueda hacer lo que quiere, como puede pasar en otras bandas; es una manera distinta de trabajo”, señala el baterista, que visitó la Argentina en varias ocasiones, con el proyecto Stick Men, de Tony Levin, y con su propio emprendimiento, O.R.K. “Estoy muy excitado con la idea de volver; la Argentina es un país que amo. La primera vez que estuve allí con King Crimson me encantó”, confiesa Mastelotto.

Otro que estuvo en esta parte del mundo, pero como miembro de Dire Straits Legacy, en abril de este año, es Collins, quien ya por entonces advertía que Crimson es su prioridad. “No es mejor una música que la otra. Son diferentes. Obviamente, la de King Crimson es muy compleja. Es realmente un desafío tocarla. Y, por supuesto, sus músicos son fantásticos: Tony Levin, Pat Mastelloto…”, señalaba Collins.

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