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El Amor no Existe y La Muerte Tampoco, buena factura del film de Fernando Salem

Antonella Saldicco debuta en un protagónico y logra una gran composición de su personaje.

La muerte, la sobrevivencia, el duelo, la distancia, la nueva vida que se insinúa tras él. En su segunda película, el realizador y coguionista Fernando Salem vuelve sobre los temas de la primera, Cómo funcionan casi todas las cosas (2015), pero está vez mediado por un texto ajeno. Ese texto es Agosto, segunda novela de Romina Paula (2010), y en él Salem parece encontrar una voz propia. Propia pero ajena, duplicidad que se reitera a la hora de trasponer literatura en cine. En esa instancia, Salem y su coguionista Esteban Garelli (el mismo de Cómo funcionan…) no tuvieron contemplaciones. No podían tenerlas, ya que la novela de Paula (que hace un pequeño personaje aquí) está escrita en una lengua intraducible al cine: la lengua epistolar. Epistolar en segunda persona, además, de modo de acentuar el carácter irreductible. Salem y Garelli no dejaron lugar a dudas y reconvirtieron ese modo de emisión en la falsa tercera persona del cine, que en este caso es en verdad una primera, en tanto la narradora de La muerte no existe y el amor tampoco (está visto que a Salem los títulos se le dan bien) es la protagonista. Es a ella a quien sigue la cámara implacablemente, como si en su cuerpo leyera cartas.

Hay también una distancia en La muerte no existe…, así como la había en Cómo funcionan… Si aquella transcurría en vacías rutas cuyanas, ésta tiene lugar en un pueblo ínfimo del sur nevado, 28 de noviembre, a quien sus vecinos llaman simplemente “28”. Hasta allí llega Emilia (Antonella Saldicco, nuevo debut de una actriz protagónica en la obra de Salem), avisada de que la amiga de su adolescencia, Andrea (Justina Bustos) se quitó la vida. En la novela, lo que sucedió con Andrea es más impreciso, aquí está más definido. Al menos si hay que tomar el gesto de una amiga (el clásico revólver que gatilla) como una prueba de verdad. A Emilia la convocaron los padres de Andrea, Jorge y Úrsula (Osmar Núñez y Susana Pampín), para ayudarlos a esparcir sus cenizas. De paso le ofrecen alojamiento. En una noche de poco sueño (y mucho frío), Emilia se levanta de la cama y va al bar de la zona, esperando encontrar a su ex novio, Julián (Agustín Sullivan). El muchacho es apuesto, ella se sigue sintiendo atraída, van a un hotel. La dupla que plantea el título se ha consumado. ¿Pero existen acaso esos términos, que parecerían tan definitivos?

La duda con respecto al amor está más clara, ya que lo que siente Emilia no es eso sino atracción. Así como no está muy segura de sentirlo hacia su novio, con quien se comunica por Skype. ¿Pero la muerte, cómo es que no existe? De las cartas que Salem y Garelli juegan en relación con la novela original, la más “loca” es la idea de presentificar y personificar a Andrea, a quien Emilia imagina como si estuviera ahí. Emilia conversa con ella (¿una forma epistolar-verbal?), sale de paseo con ella, duerme con ella y hasta se abrazan. De hecho, no se sabe si la amistad de ellas incluye el amor. O qué forma de amor, en tal caso, ya que está claro que se aman. ¿Persistencia del amor, negación de la muerte, fuerza del recuerdo? El lazo entre ambas se ve reforzado por el trato que Jorge y Úrsula dan a Emilia, que como suele suceder es el de una “segunda hija”. Y su hospedaje en el cuarto de Andrea, claro.

Emilia está insegura, es como una hija que no terminó de crecer. Está insegura de su empleo como psiquiatra en Buenos Aires, está insegura de la relación con su novio y con su ex novio, está insegura de la propia vida en Buenos Aires. Está insegura de la muerte. Y del amor, claro. Emilia está en tránsito: va de Buenos a Esquel, vuelve de Esquel a Buenos Aires. La expresión de Antonella Saldicco transmite perfectamente esta capa de dudas, y ella se ve rodeada de un seleccionado de notables secundarios. Los nombrados Osmar Núñez y Susana Pampín + Fabián Arenilllas como el padre de Emilia, y Lorena Vega como su nueva mujer. Todos dan cuerpo -con dos temas originales de Santiago Motorizado de fondo- a un mundo plácido que, sin embargo, cruje.

Horacio Bernades/Página 12

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