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Cuatro mujeres son cuatro hombres y deslumbran en Petróleo

Laura Paredes, Valeria Correa, Pilar Gamboa y Elisa Carricajo la rompen en la Casacuberta del San Martín.

Un pozo petrolífero casi seco, un trailer en medio de la nada y cuatro obreros: El Carli, Montoya, Formosa y Palladino. Con eso alcanza para crear una obra que es el fenómeno teatral del último año: Petróleo. La creación del grupo Piel de Lava agota entradas en el San Martín (donde es presenta hasta el 31 de marzo) y revoluciona la escena. Piel de Lava son cuatro mujeres que hace 16 años trabajan en forma colectiva, escribiendo, dirigiendo y actuando. Y acá le ponen el cuerpo, con certeza impresionante, a estos varones. Pilar Gamboa es Carli; Laura Paredes, Montoya; Valeria Correa, Formosa, y Elisa Carricajo es Palladino. Con co-dirección de Laura Fernández.

-No es habitual una obra en la que mujeres interpreten a varones. ¿Cómo llegaron a estos personajes?

-Gamboa: Piel de Lava funciona como laboratorio. Y en el deseo de hacer algo distinto, algo nuevo, aparecieron estos chabones. Empezó como un juego y después vino lo del petróleo, un mundo donde no hay mujeres alrededor. Elisa trajo unos textos muy buenos sobre la masculinidad y el petróleo, donde la masculinidad es casi la bandera, donde las dolencias fisicas y el cansancio casi no se pueden ni decir. Y fue muy revelador.

– Carricajo: Es una investigación de Hernán Palermo que apareció en mitad del proceso; fue genial porque había cosas que veníamos intuyendo y fue buenísimo encontrar a alguien que había investigado sobre eso. Una de las hipótesis es que hay algo de sobreactuar la masculinidad en ese ámbito que termina colaborando con condiciones de explotación laboral. Por ejemplo, alguien se accidenta y no lo dice porque es “macho”. En esa sobreactuación aparecen mecanismos de humor.

– Paredes: Cuando empezamos a delinear los personajes vimos cómo se armaban en relación con el tipo de vínculo que había entre ellos, en ese ambiente de trabajo, de tensión, de complicidad y de camarilla para las bromas.

– Carricajo: La intimidad que se da en ese ambiente tal vez es una sorpresa que nos pusimos a explorar. En nuestro registro de la intimidad con otras mujeres, la feminidad se relaja un poco. Lo que se construye para el mundo exterior, los zapatos de tacos, el maquillaje se relaja en la intimidad. En el mundo masculino sucede un poco a la inversa: es la hora de cenar, están agotados, pero se siguen haciendo los “machos” entre ellos.

– Correa: Por eso cuando encontramos ese material teórico sentimos que no estábamos tan alejadas de lo que íbamos encontrando.

-Hay algo muy intuitivo que funciona, de la observación que tienen como actrices…

– Gamboa: Te das cuenta que hace 30 y pico de años que observás la masculinidad; es algo muy cercano, está en tu padre, hermanos, amigos, parejas, conocidos.

– Correa: Es algo que podríamos ser todas. En definitiva, la construcción de la masculinidad, del género, es una decisión, una ficción.

– Carricajo: Lo que nos pasó es que, al construir un espacio doméstico de esta masculinidad comenzaron a aparecer situaciones humorísticas.

– Paredes: Es un mundo íntimo en el que pueden pasar de la crueldad extrema y al segundo olvidarse y juntarse entre dos para hacerle broma a otro.

– Y a esa intimidad hay que sumarle el aislamiento en que se encuentran…

– Correa: Eso es muy teatral también, es una excusa para que algo suceda. El pozo casi vacío y el exterior con esa oscuridad que parece acechar como una presencia, también son grandes disparadores.

-Recrearon un mundo laboral que casi no aparece en lo teatral, un mundo de maquinarias tan impresionantes que tapan a los hombres.

– Correa: Sí, y a la vez es muy cercano en la Patagonia. Tal vez por eso también despiertan compasión y ternura.

-¿Cómo se armó cada uno de estos chabones, tan distintos entre sí?

– Gamboa: Fue medio lúdico. Primero desde lo físico, ver dónde estaba esa energía masculina en cada una de nosotras: la postura, la gestualidad, la mirada. Fue muy divertido. La meta de todos nuestros trabajos es no parodiar sino habitar emocionalmente los personajes, no generar distancia. Después aparecieron las voces, cómo sostenerlas. Y más tarde, las personalidades.

– Correa: Nunca pensamos el personaje de cada una como individual, siempre es grupal.

– Carricajo: Se sostienen entre sí y se necesitan mutuamente.

– Gamboa: Hay mucha gente que nos dice: “¿Lo conocés a Fulanito? ¡Porque sos igual!”

– Correa: Parece abismal ir a lo masculino y está acá nomás, es divertido y liberador.

– Carricajo: Interpretar es siempre pasar de un lugar a otro, ¿por qué sería tan abismal pasar de género? Eso está cambiando. Nosostras vivimos otro modelo, pero los más jóvenes entienden el género de otra manera.

– Socialmente se están desarmando algunos encasillamientos y se corren ciertos velos.

– Correa: Hay muchas personas que viven de otra forma el tema del género, pero todavía está tapado y estigmatizado. En este momento de deconstrucción de hombres y mujeres, la obra plantea preguntas.

– Gamboa: Y están quienes se divierten performando el género. La actuación es eso también. La obra es una montaña rusa; hace mucho que no me divertía tanto. Lo que me resulta muy hermoso del teatro es que cuando lo escribimos no tenemos estas conclusiones, no es intelectual, es puro juego. Cuando llega la devolución de cada espectador se arma la construcción de lo que hizo.

– Carricajo: Es algo que está en el aire y lo ves después, algo de intuición colectiva que por el trabajo grupal se va desarrollando.

– Gamboa: No sabemos muy bien qué va a pasar, todos aprendemos… En la obra, gracias al humor, hay algo que se relaja y te permite pensar desde la risa. Como una varita mágica.

– Paredes: El humor apareció como antídoto. Hacer de hombres y obreros no fue ingenuo; no se trata de bajar línea, pero desde el humor aparecen cosas.

-En estos días con la problemática del aborto o la violencia de género tan a flor de piel, ¿sienten que la obra tiene otra llegada al público?

– Carricajo: Sin el feminismo, cuatro mujeres no podríamos estar haciendo esta obra en un teatro oficial. Petróleo no surgió pensando en el feminismo, pero está ligada inevitablemente porque es imposible pensarse fuera del contexto. La idea del grupo de mujeres trabajando juntas desde hace años ya es feminista.

                                 Sandra Commisso/Clarín

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