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Boca le ganó a Aldosivi y vuela a Quito con otro ánimo

El Toto Salvio ingresó en el ST y al minuto convirtió el gol que le dio la tranquilidad al Xeneize.

Aunque el objetivo que lo obsesiona es la 7ª Copa Libertadores, el comienzo de la Superliga lo encuentra a Boca otra vez en carrera. Pero no tiene tiempo. Apenas si aprieta el puño, levanta las manos y se va de la Bombonera sintiendo que cumplió con la tarea contra Aldosivi. El 2 a 0 se evapora con voracidad. Se vuelve efímero porque en horas volará hasta Quito para jugar la ida de los cuartos de final de la Copa. El golpazo con Almagro parece de otra era y las horas sepultarán este triunfo.

Pero hay alguien que anoche demostró y ratificó que siente como ningún otro esto que se está jugando Boca. Es Carlos Tevez, quien otra vez empezó el semestre como suplente pero al que de nuevo su ambición lo van acercando a la titularidad. Porque él, que lo ganó todo acá y en Europa, muestra el entusiasmo intacto. En un clásico o en Paraná. Por la Copa o con Aldosivi. Sin entrar un minuto con Paranaense o ensangrentado como anoche. Carlitos, ese de la serie de Netflix, muestra el camino. Festeja su gol 78 con la camiseta de Boca, agacha la cabeza ante un cambio y sale sin gestos. Se la aguanta y va de nuevo. Quizá Boca, este Boca que vive con urgencia, puede detenerse a mirarlo a él. Y entender que cada minuto es importante, que no se puede relajar. Sobre todo para lo que se viene.

Las buenas noticias para Boca en esa primera etapa se las dieron los más veteranos. El italiano De Rossi ( 36) demostró en el césped de la Bombonera que la clase no te pide el DNI (o el pasaporte) para identificar a quien juega bien. Parado en el círculo central, el romano se encargó de esas líneas bien separadas que tiene Boca cuando se despliega en su 4-4-2. Con él entre los centrales en la salida, Marcone se movió más libre.

El otro fue Tevez. A sus 35 años, bordeando el retiro, sigue con el entusiasmo intacto. Lógico: pierde más de las que gana. Pero siempre intenta. Por eso el gol, pese al milimétrico offside de Mas en el desvío, se pareció mucho más a un premio individual que a una consecuencia colectiva. Porque hasta ese momento Boca solo había inquietado con un cabezazo al travesaño de Junior Alonso y un derechazo defectuoso de Soldano.

El ex Unión bien puede ser un reflejo del conjunto de Alfaro: vive entre urgencias. Llegó hace 10 días, se entrenó dos veces y saltó a la cancha. Se lo notó falto de conocimiento y de roce con sus compañeros. Algo entendible para cualquier refuerzo. Pero Boca convive en el apuro y eso, la mayoría de las veces, lo lleva a equivocarse. Como Villa en esos primeros 45 minutos, que fue siempre más veloz con los pies que con la cabeza. Lo mismo que Buffarini y Mas en sus proyecciones. Al cabo, lo opuesto fueron De Rossi y Tevez. Ellos, pura jerarquía de trayectoria europea, vuelan con la mente aunque las suelas y los músculos no respondan como antes.

Lo de Aldosivi, intrascendente en esa primera mitad, fue también algo clave. Este Boca invita a que lo ataquen por las bandas y da la sensación de ser frágil. Pero a los marplatenses les faltó algo más que el trote de Román Martínez y el pase lateral de Bertoglio.

La segunda parte tuvo un buen tramo en el que Boca pareció desenchufarse. Otra vez. Como ante Almagro. Y eso invita. Incluso a este tibio Aldosivi (todavía no convirtió y el único remate al arco fue a los 40 del segundo tiempo), los de Alfaro lo dejaron crecer. Y si no sufrió fue porque Aldosivi merodeó, sin decisión.

Alfaro leyó y metió mano. Recurrió a “los titulares” Mac Allister (utilitario pero desaprovechado como carrilero) y Zárate (cada vez menos conectado al juego). No alcanzó. Y debió agregar a Salvio para definirlo, a los segundos de haber entrado. ¿ Hace falta ser tan liviano? ¿Por qué Boca no huele sangre y ataca a sus rivales? Parece conformarse con la tarea de no recibir goles (le hicieron 1 en los últimos 6 juegos) pero no da la sensación de solidez que ofrece la estadística.

Al cabo, la suerte de este equipo empezará a desandarse de ahora en más. Porque se viene la Copa y dos visitas de riesgo: a Banfield y luego al Monumental. Quizá esa sea su verdadera cita para saber si está en el camino correcto. O si lo que construyó hasta ahora se deshace con facilidad.

                   Matías Bustos Milla/Clarín

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