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Atlético goleó a River y Tigre sacó una buena ventaja ante Racing

Javier Toledo festeja una de sus dos conquistas. Abrió el marcador David Barbona.

Cómo contar lo que se vive en el José Fierro cada vez que juega este Atlético. Es inexplicable. Hay que estar ahí para sentirlo. Esos casi 30 mil hinchas que se llegaron al Monumental tucumano para celebrar la gran victoria de su equipo por 3 a 0 ante River, en el encuentro de ida por los cuartos de final de la Copa de la Superliga, lo pueden contar.

Porque este triunfo épico llegó gracias a los goles de David Barbona y de Javier Toledo, en dos ocasiones. Sí, esos monstruos que muchas veces fueron criticados por el hincha, pero que con el tiempo supieron reponerse y aprendieron a cambiar las críticas por elogios.

Barbona, por ejemplo, es hoy para Atlético lo que para un pájaro es el viento: una necesidad. Y Toledo, que la peleó desde el banco desde su llegada, cambió luego del partido del Decano ante Vélez, a mediados de marzo, cuando Matos se desgarró. El gigante entró y no volvió a salir más. Y hoy es clave. Vaya si lo es…

River lo vivió en carne propia. Sí, ese River de Gallardo, el campeón vigente de la Libertadores, que se transformó en la nueva víctima de este Decano. Porque si bien el Millonario arrancó mejor, dominando las acciones, Atlético lo sorprendió con dos goles en la etapa inicial en tre sminutos y otro en el complemento que ruvo a Armani como gran responsable. Así llegará a Núñez con una gran ventaja para el choque de vuelta. Queda mucho por escribir. Pero esta victoria no se borrará de la memoria tucumana.

El primero de los tantos fue a los 34’, tras una gran pared entre Barbona y Leandro Díaz; y tres minutos más tarde, luegode un córner que deesvió en el camino Aliendro, Toledo metió el frentazo que terminó en el fondo del arco de River.

En el complemento, el Decano empezó a corregir algunos desacoples en defensa, y aunque River intentódescontar, se encontró con una respuesta más firme del local cerca de su arco. La más clara de los de Gallardo llegó en 24’, tras una habilitación a Pratto y un rebote, Palacios sacó un remate fortísimo que despejó Lamas.

Pero la frutillita ocurrió cerca del final, tras un error de Franco Armani que Toledo, una vez más, lo cambió por gol. Esos tres tantos fueron suficientes para respirar y pensar en lo que viene, la revancha este martes.

Las estadísticas no hacen nada más que avalar el excelente ciclo de Ricardo Zielinski al frente de Atlético. Y quizás al hincha la incertidumbre por saber qué hará el Ruso, si sigue o no, le duele. Porque saben cómo maneja al equipo. Lo hace, jugar al fútbol de buena manera. Lo demostró ante River. Una vez más…

Y si Napoleón dijo que la Tierra temblaría cuando todos los chinos pisaran el suelo a la vez, evidentemente tomó como referencia a la parcialidad del Decano. El cemento del Monumental pareció explotar cuando el partido, con inexorable sabor a historia, terminó.

Historia porque fue el primer triunfo de los tucumanos en esta tierra ante River. Historia porque derrotó a un equipo que viene de cerrar su participación en la fase de grupos de la Libertadores de manera invicta.

Y a pesar que el Millonario cambió el chip para la copa nacional, los de Marcelo Gallardo no supieron sellar la clasificación a las semifinales del certamen doméstico porque se encontraron con un rival más inteligente. Quizás, también, porque River contó con las imprecisiones de sus delanteros y la desconcentración en el fondo, arquero incluido.

Pero Atlético es Atlético, y sabe de hazañas. Por eso los jugadores, tras el pitazo final, saltaron y se abrazaron demostrando su felicidad. La alegría es inmensa y todos lo celebran. Atlético es una fiesta. Motivos le sobran.

                 Juan Manuel Rovira/Clarín

Montillo, valor fundamental de Tigre, acaba de señalar la apertura del marcador en Victoria.

No hay rastros del campeón en Victoria. Apenas afloran voluntades dispersas de celeste y blanco. El equipo, aquel que se consagró el 31 de marzo en este mismo escenario, es una expresión desdibujada. Lisandro López, capitán y emblema, tampoco surge en su esplendor cuando ingresa en el segundo tiempo. Casi no tiene contacto con la pelota. Racing parece haber dado todo en la Superliga. Está vacío de fútbol en esta Copa y ni siquiera fluye el amor propio. Tigre es la contracara. Acaba de irse al descenso, pero se muestra entero, a bordo de un juego explosivo de tres cuartos hacia adelante, con una notable dinámica en la mitad de la cancha. Y pega el zarpazo en los cuartos de final. Hace dos goles, pierde el tercero en el final y deja a su gente ilusionada con un pronto regreso a la máxima categoría. “A volver, a volver, vamos a volver”, braman en cada rincón del José Dellagiovanna.

Los roles se alteraron. A fin de cuentas, Tigre jugó como un campeón. Con el rendimiento superlativo que lo sostuvo hasta último momento en Primera División y le permitió derrotar a los santafesinos en este petit torneo. Dominó de principio a fin y si no pudo ponerse antes en ventaja se debió a una mala decisión del juez asistente Diego Bonfá. Levantó el banderín y Andrés Merlos anuló un gol lícito de Federico González, quien recibió de Diego Morales. Lucas Janson había alzado los brazos, desentendiéndose de la jugada. ¿Habrá creído el línea que desorientó a Renzo Saravia?

Esa definición del “9” de Tigre hubiera sido un tiro para el lado de la Justicia. Porque el equipo de Pipo Gorosito fue superior a su ilustre rival. A partir de los buenos pies de Lucas Menossi y las triangulaciones de Walter Montillo, Lucas Janson y Cachete Morales. Fueron toques rápidos y certeros, pero sin la profundidad necesaria para perforar a la defensa visitante en la primera etapa.

Los laterales de la Academia fueron demasiado vulnerables. Es cierto que el ritmo de Tigre conspiró contra la tenencia de la pelota, uno de los máximos capitales del campeón. No obstante, cuando la recuperó, Racing no estuvo fino. Encontró algunos espacios ante un rival que arriesga el pase, que se ofrece, pero Jonatan Cristaldo no estuvo preciso, Darío Cvitanich quedó preso de la trampa del offside, Pol Fernández apareció poco y Matías Zaracho y Augusto Solari casi no rompieron líneas. Nery Domínguez no podía entregar el primer pase.

Bajo esta coyuntura, y más allá de la intensidad del partido, casi no hubo situaciones de gol frente a los arcos de Gonzalo Marinelli y Gabriel Arias. A excepción, claro, de ese grito ahogado por una mala decisión de Bonfá que avaló Merlos.

En el segundo tiempo, Eduardo Coudet reforzó el medio. Neri Cardozo reemplazó a Cristaldo. Sin embargo, Tigre siguió siendo superior. El otro Cardozo, Agustín, hizo un tándem espectacular con Menossi, un todoterreno. Y Montillo encontró el gol después de un horror de los centrales. Primero, de Alejandro Donatti, que salió apurado. Después, de Lucas Orban, quien cerró mal.

Los cambios del Chacho no pesaron. Lisandro no entró bien. Casierra tampoco. Y Menossi armó una jugada de Champions League ante cuatro estáticos marcadores, Cavallaro punteó para González y el goleador tuvo revancha. Lo gritó con furia.

Se define el martes en Avellaneda. Racing se fue derrotado, sin patear al arco y con una preocupación mucho más grande que una posible eliminación: ganó uno de los últimos 7 partidos. Consecuencia de un nivel que está lejos de aquel que lo condujo a la gloria. ¿Cómo hará para meter (al menos) dos goles y no sufrir ninguno frente al bravísimo Tigre?

                      Daniel Avellaneda/Clarín

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