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A 50 años de la Misión Argentina con los Torino en Nurburgring

Se presentaron tres Torino sin inscripciones publicitarias y con la bandera nacional en la trompa.

No hay límites cuando los proyectos son serios y ejecutados con responsabilidad. Pero además la pasión es la que contagia e invita al resto a sentirse partícipe. En una actividad individualista como el automovilismo, para las 84 Horas de Nürburgring, de cuya largada se cumplen hoy 50 años, fue la primera vez que se formó un verdadero seleccionado nacional para competirles a los más poderosos con pilotos, mecánicos y hasta un auto de construcción argentina.

En este viejo anhelo de representar a la Argentina en una prueba mítica coincidieron el más grande piloto del país, Juan Manuel Fangio, con el preparador más prestigioso, Oreste Berta. Y ambos desafiaron a la “Marathon de la Route”, en el tradicional circuito alemán de Nürburgring.

Aquel sueño se concretó bajo el popular título de la “Misión Argentina”, motorizados por un modelo fabricado en Córdoba con sello nacional: el Torino. Todo un país vibró con aquellas 84 Horas de Nürburgring y empujó a esos tres Torino que lucían orgullosamente la bandera nacional en la trompa y, como único cartel en el baúl, “Industria Argentina”.

“Con Juan Manuel Fangio siempre intentamos interesar a IKA Renault para correr con Torino en las 84 Horas de Nürburgring”, recuerda el gran Berta, a sus 80 años, en “La Fortaleza”, el lugar donde desarrolló su prestigiosa carrera técnica. Ante el desinterés de la compañía por aquellos años, finalmente se encontraron con Carlos Lobbosco. Y todos se entusiasmaron. Y finalmente aparecieron los Torino. El modelo 380W fue el elegido.

“Por primera vez, un equipo de autos, pilotos y mecánicos competirá con las marcas más famosas en el circuito alemán de Nürburgring. Nuestra actitud no puede ser otra que la de la modestia. Vamos a demostrar que sabemos hacer las cosas”, ratificó entonces Fangio.

Berta trabajó en los vehículos, porque había que mermar los 1.400 kilos.

“Para mí fue muy difícil manejar y ponerme de acuerdo con 10 pilotos, con los mecánicos, ser el probador de los autos… De la mañana hasta el atardecer. Yo hice la lista de 15 pilotos para luego definir al plantel”, explicó.

Si bien los pilotos argentinos reconocían el intrincado y extenso circuito de 22 kilómetros con un Renault 16, Fangio contaba con un Mercedes 300 para detallar los secretos de aquel trazado en el que protagonizó, para muchos, la mejor carrera de la historia, cuando conquistó por quinta vez el título de Fórmula 1, en 1957.

El “Infierno Verde”, siempre tan temido por su peligrosidad, recibió a los tres Torino 380W. En el coche N° 1 se alternaban Carmelo Galbato, Rubén Luis Di Palma y Oscar “Cacho” Fangio. En el N° 2, Gastón Perkins, Eduardo Rodríguez Canedo y Jorge Cupeiro. Y en el N° 3, Eduardo Copello, Alberto “Larry” Rodríguez Larreta y Oscar Franco. El suplente era “El nene” Néstor García Veiga.

A la 1 de la madrugada del miércoles 20 de agosto de 1969, comenzó el maratón automovilístico. Allí, entre los 64 vehículos, se mezclaban Mercedes-Benz, Lancia, Ford, Porsche, BMW, Mazda, Datsun…

Galbato, “Larry” y Cupeiro pusieron en marcha la ilusión. Poco tiempo después, para asombro de todos, el Torino N° 3 se puso al frente en la clasificación, cuando una tormenta azotó la región y la lluvia, copiosa, fue protagonista de la prueba. En la vuelta 41, llegó la primera mala noticia. El Torino con Cupeiro se despistó y quedó a la vera del camino. Uno menos. En la segunda jornada fue el turno del N° 1, cuando Di Palma, sin luces, se despistó y rompió el cárter.

El único Torino en la pista continuó asombrando al mundo. Giraba adelante aquel coche que venía desde tan lejos. Pero a la hora 53, la dirección de la prueba les pidió a Fangio y a Berta que se arreglara el auto argentino, ya que tenía el caño de escape roto y el ruido era estruendoso. El reglamento establecía que cada vehículo no podía superar los 83 decibeles. Y varios equipos ya habían elevado la protesta.

Cada detención en boxes para reparaciones se penalizaba con vueltas en contra. Y pese a que el equipo cambió el elemento en 9m30, el Torino perdió la posibilidad de ganar al descontársele 10 vueltas. Finalmente, alcanzó el cuarto lugar en la clasificación general, el triunfo en su categoría (más de 3 litros) y fue el auto que más vueltas dio al circuito de Nürburgring (334). Ganó un Lancia tracción delantera, de 1.584cc, tripulado por Kallstrom, Barbasio y Fall, seguidos por un BMW y un Triumph.

Fue una verdadera Selección. Un equipo que representó a la Argentina. Y que no tuvo celos. Ni de los pilotos, que jamás abandonaron el box durante las 84 horas (“Los egos se diluían bajo la figura del gran Fangio”, recuerda Lobbosco) ni de la prensa (los relatores radiales se turnaron en una transmisión única) ni de la industria nacional automotriz. Después del éxito en Alemania, las ventas se cuadruplicaron en el país.

Por todo esto es que, medio siglo después, aún se recuerda a la mayor empresa automovilística nacional en el exterior.

                          Roberto Berasategui/Clarín

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